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jueves, 10 de junio de 2010

El infinitocho

Había una vez un número ocho acomplejado. Gran parte de sus amigos se reían constantemente de él, el número nueve, el diez... y sobretodo X, ese presumido que podía ser quien quería cuando quería...

Era tal la frustración del número ocho que soñaba con ser otro, y no tenía mayor aspiración que ser el supremo de supremos, el infinito.

Bien es sabido que el símbolo de infinito es un ocho tumbado, por lo que jamás lo pudo tener más fácil nuestro amigo, a partir de ahora, infinitocho. Decidió tumbarse y empezar a caminar arrastrándose en busca de reconocimiento y respeto.

Parecía demasiado fácil, y como era de esperar no funcionó. Los demás números a veces ni le veían y le pisaban, otros no hacían más que darle la tabarra con frases como "Eres mucho, pero cuanto en realidad?" "Tu y yo cuanto sumamos entonces? es que no valgo nada a tu lado?" y así todo el santo día. Por otro lado, empezaron a usarlo para ecuaciones super-raras que le restaron popularidad enseguida, sobre todo por salir tanto en los llamados límites, donde el odioso de X casi siempre le perseguía, solo o con amigos. Total, que era un verdadero infierno.

Así es como el infinitocho quería volver a ser ocho, e intentaba levantarse con dificultades, ya que no es lo mismo tirarse al suelo que alzarse de nuevo con tanta curva resbaladiza. Cuando por fin consiguió levantarse volvió entre los demás números y celebrando que más vale ser alguien en una pecera que ser un don nadie en el mar. se dedicó a amargar para siempre la vida al siete, al seis y a sus amigos.

Nadie nace malo, amigos.

Fin

domingo, 24 de enero de 2010

Sarna y gloria: Capítulo 1

William Sarna corría a pie por la vía del metro en dirección opuesta al sentido del tren. Tres motoristas de la hermandad de los lobos grises le perseguían en sus motos deportivas a toda velocidad.

Will había desviado su sentidos de la vista, olfato y gusto al sistema nervioso, y corría a 220 Km/h de frente al vagón del tren. El vagón se acercaba a máxima velocidad al choque frontal, el conductor no podía imaginar lo que iba a ocurrir.

Los motoristas recuperaban terreno y se dirigían al mismo destino negro que W.Sarna, un vagón de metro en dirección contraria.

Escasos metros separaban a William del tren cuando éste se arrimó a una de las paredes y tomando impulso cruzó al otro lado para seguir corriendo entre el vagón y la pared, a 4 patas, como si el vagón estuviese tumbado de lado y corriese por encima como un guepardo.

Las motos se enfrentaban ahora al gigante gusano de hierro, y cuando estaban a punto de la colisión se pusieron en versión espada, finas y con pequeños rodamientos en los lados para colarse por cualquier estrecho pasillo. Una se fué por cada lado y la tercera por encima tumbándose, rodeando por completo el vagón y avanzando en una redada de la que nada de lo que pudiera encontrarse entre las paredes o el techo y el tren se libraría.

Luces vertiginosas rodeaban el vagón. Era como si un metálico pez gigante estuviese siendo enfundado en una electrizante red. Los pasajeros, ajenos a todo, solo vieron pasar un destello fugaz que no llamó la atención más que a algún que otro fumeta atraido por todo lo brillante.

Las motos, formando un envoltorio eléctrico estaban dando alcance a William, que cual animal salvaje correteaba vagón tras vagón en escasos 80 cm que había entre la pared y el tren. Sabía que no tenía escapatoria si el tren se acababa, así que apuró hasta el último vagón y rompió el cristal para meterse en él. Todos los pasajeros salieron despavoridos hacia los vagones delanteros menos una panda de fumaos que aplaudían y se revolcaban en el suelo de risa.

William sabía que si los motoristas terminaban el tren darían la vuelta y no tardarían en cazarlo así que tenía que actuar con rapidez. Arrancó dos barras del techo de las que hay para agarrarse y las colocó en cruz deformando el vagón y haciendo que paredes y techo se doblaran hasta casi tocar con paredes y techo. La velocidad que llevaban los motoristas sumada al hecho imprevisible de la deformación de un vagón hizo que chocaran estrepitosamente y quedaran atrapados en el amasijo de hierros frenando el tren de golpe.

William aprovechó el frenazo para correr hacia la parte delantera a gran velocidad y salir por el vagón delantero en sentido contario a por donde vino, perdiéndose entre la oscuridad del túnel. Los fumetas se quedaron en el vagón trasero bailando y gritando por lo visto.

Tres lobos grises menos y William libre, la emboscada había fallado. El día se termina pero... la tormenta solo acaba de empezar, la calma es una utopía.

Continuará...

viernes, 20 de febrero de 2009

La dimensión de los deseos (Parte 8)

<< Parte 7

Raúl, con los nervios y el cabreo acumulados fue directamente a dar un tortazo al chaval, cuando éste se abrazó a su Madre con fuerza, la que con media vuelta le protegió del golpe que no llegó a ser dado.

Madre e hijo lloraban abrazados mientras Raúl se fue a otra habitación enfadado.

- Lo siento mamá, lo siento mucho. –
- Te quiero, cariño. –
- Dile a papá que lo siento, díselo. –
- No te preocupes por eso, Sergio, yo hablaré con él, pero no me vuelvas a hacer nada parecido nunca más. –

Tras un rato llorando abrazados, Sergio articuló de nuevo unas tímidas palabras.

- Sabes? La consola no está tan mal, pero… mejor que no se entere nadie en el instituto, me lo prometes?. –
- Eso está hecho, Sergio Katanga. –
Entonces comenzaron los dos a reír empapados en lágrimas.
- Eh!! Te hablaba en serio. – Dijo Sergio con gesto preocupado.
- Que ya, campeón. Será nuestro secreto.- Aclaró ella.



La campana sonó, un nuevo día lectivo comenzaba.

- Chicos, abrid el libro por la página 190. Cómo ya aventuramos en la clase anterior, hoy vamos a ver la pirámide de las necesidades de Maslow. A ver, Sergio, puedes decirme de que va. – Comenzó la clase la joven profesora de Sergio.

- Pues… es que… . -
- No te preocupes, puedes mirar el libro si no lo sabes. -

Sergio bajó la mirada y leyó en voz baja:
“La jerarquía de necesidades de Maslow se describe a menudo como una pirámide cuyo nivel más alto contiene las necesidades más superficiales (autorrealización) y al descender se recorren las de reconocimiento, amistad y seguridad hasta llegar a la base donde están las necesidades fisiológicas más básicas… mhhhh autorrealización… reconocimiento… ¡¡amistad!!”

- Walmos!!. – Exclamó sobresaltado y sonriente Sergio ante la mirada paciente de profesora y compañeros.

Tras una carcajada general, la profesora recalcó a Sergio:

- Maslow, Sergio, es Maslow. A ver, quién de sus compañeros puede ayudar a Sergio? -.

La clase transcurrió con normalidad, con la excepción de que un alumno en particular prestó ese día más atención de la que había sido capaz de prestar en lo que llevaban de curso.

Desde ese día, Sergio tomó otra forma de ver la vida, dando menos importancia a lo que se tiene y más a lo que se es. Empezó a salir con otros compañeros distintos a con los que se juntaba en los recreos normalmente. Sus nuevos amigos no hablaban todo el día de videojuegos caros o aparatos tecnológicos de última generación; cada uno tenía lo que tenía y si podía, lo compartía con los demás.

FIN

miércoles, 18 de febrero de 2009

La dimensión de los deseos (Parte 7)

<< Parte 6

Raúl había llevado a Marta a urgencias a que le pusieran unos puntos en la ceja dejando a Sergio sólo encerrado en el baño pensando que se le pasaría el berrinche.
Sergio se calmó tras leer una nota pegada en la nevera avisando de su marcha al Hospital. Caminó a la habitación de sus padres y allí en el suelo, a medio desenvolver, se encontraba el conflictivo paquete. Lo cogió y se sentó en la cama. Lo terminó de desenvolver observando atentamente la caja.

- Jajajaj SEGO Katanga jajajaj. – Reía Sergio de lo cutre que era la imitación.
- 100 juegos? En un cartucho? Ya me los imagino. Jajjaj. Anda! Si trae una pistola. – Se dijo Sergio mientras abría el paquete intrigado.

A los 10 minutos estaba sentado en el suelo del salón con la SEGO Katanga enchufada a la tele y la pistola en la mano esperando a que cargara uno de los juegos.

Más de una hora llevaba jugando Sergio a juegos cutres pero adictivos cuando le sobresaltó el sonido de una llave en la cerradura de la puerta. Sergio apagó todo deprisa y corriendo y volvió a encerrarse en el baño.

Raúl y Marta volvían de urgencias, y él entró furioso buscando a Sergio por la casa, pero Marta, suplicándole calma le pidió que le dejara a ella hablar con Sergio, a lo cual Raúl cedió, no sin disgusto.

Marta se percató enseguida que Sergio estaba todavía donde le dejaron, encerrado en el servicio. Mientras, Raúl vio la videoconsola en el salón y se la enseñó a Marta, indignado.

- Déjame que yo hable con él, por favor. – Le pidió ella de nuevo.

Tras un rato intentando entablar conversación a través de la puerta sin respuesta, la preocupación de Marta por si le podía haber pasado algo iba en aumento.

- Raúl!! Raúl!! Que no responde!!. Sergio!!. – Empezó a gritar nerviosa.
Raúl acudió enseguida con un destornillador para forzar la puerta, que tenía un sistema en el picaporte a través del cual con un objeto alargado podía abrirse desde fuera. Tras el primer intento la puerta se abrió, pero no por acierto de Raúl, sino porque Sergio, de forma brusca, salió del baño con la cara empapada en lágrimas.

>> Parte 8

lunes, 16 de febrero de 2009

La dimensión de los deseos (Parte 6)

<< Parte 5

Poco a poco, el color del entorno iba tornándose sepia, y lo que ahora se veía a un lado del sendero eran puertas blindadas, verjas, dispositivos de alerta, guardias de seguridad y guardaespaldas plantados delante de las puertas, inmóviles, vigilantes. Y al otro un montón de medicinas de todo tipo clasificadas por la enfermedad que trataban. Se podía leer: Diabetes, Cólera, Sida, Cáncer…

- Ves? Los deseos de la gente no son todos tan superficiales. – Explicó Walmos.

El gozo que tenía Sergio al explorar la extraña dimensión de los deseos empezó a tornarse tristeza por imaginar a esa pobre gente que nunca lograría tener algo que apreciamos tan poco como son las medicinas.

Según avanzaron divisaban algunas mecedoras con ancianos con la mirada perdida; próximos a ellos se veían cochecitos de bebés “aparcados” en batería. Parecían ocupados pero no se oía ni un lloro, todo estaba en calma. Enmudecidos, continuaron colina abajo adentrándose en la niebla que veían desde hace rato ir apareciendo en el horizonte.

El paisaje era desolador, al principio había camas en uno de los lados mientras que en el otro había sencillas prendas de lana tales cómo chaquetas, bufandas, guantes... un poco más allá se podían ver bañeras con agua limpia en frente de platos con sopa recién hecha, cazos de leche caliente, mendrugos de pan y vasos de agua potable.

El paisaje era gris, triste, seco. Sergio no podía ni tragar saliva de lo aterrado que estaba. Algo en este lugar se le había filtrado hasta los huesos y le daba escalofríos. El camino finalizaba en un callejón donde se adentraron.

Al fondo había una taza del váter normal y corriente, Sergio se aproximó a ella, y con ironía, intentado quitar hierro a la situación dijo con voz temblorosa:

- Y esto qué? Un deseo de cagarse, no?. –

Se dio la vuelta según comentaba la frase y de repente ya no estaba ni el chico, ni los extraños parajes. Estaba en su cuarto de baño, al lado de la taza, mirando como un tonto hacia la puerta cerrada con la sonrisa irónica en la cara. El gesto le cambió del todo, y mirándose al espejo un momento volvió a la realidad y salió corriendo del cuarto de baño buscando a sus padres por toda la casa. No estaban.

>> Parte 7

jueves, 12 de febrero de 2009

La dimensión de los deseos (Parte 5)

<< Parte 4

Llegaron a una zona en la que había un gran muro lleno de títulos universitarios enmarcados uno tras otro y Sergio, que no podía dejar de dar vueltas a todo lo que veía se atrevió a preguntar.

- Bueno, vamos a ver, quieto ahí. Tú quien eres?. –
- Jajajaja. – Rió Walmos.
- Deja de cachondearte de mi y dime. –
- Pues soy Walmos, un amigo. –
- Un amigo de quién?. –
- A ver, te intriga más quien soy yo o todo lo que has visto por aquí?. –
- Bufff, te la vas a ganar. Explícame todo ahora mismo, anda. –
- Bien, te seré breve, no te pongas nervioso. Estamos en la dimensión de los deseos, un lugar donde está todo lo que alguien alguna vez deseó y jamás pudo conseguir. La Katana, las mansiones, los coches, las joyas y ahora todos estos sueños de futuro. Alguien en el mundo ha deseado con todas sus fuerzas poseerlo, pero por desistir o causas ajenas nunca lo llegaron a tener. Estas cosas no caen en el olvido, llegan aquí, y aquí permanecen por una eternidad para enseñarnos a veces cosas, como hoy a ti.

- Pero… enseñar qué? Cuanto más tiempo paso aquí más cosas quiero!! Esa es la lección?. Tú puedes conseguírmelas? –
- Eso te parece ahora, pero no hemos acabado el camino. Y no, yo no puedo conseguirte nada de lo que aquí ves, solamente tú puedes conseguir lo que deseas persiguiendo tus sueños. –
- Pero qué dices? quién cojones eres tú?. –
- Un amigo, te vuelvo a repetir, no lo entiendes?. –
- Pero un amigo de quién?. –
- Es sencillo, soy un amigo que alguien deseó y nunca jamás llegó a tener. –

Sergio quedó enmudecido por la triste aseveración de Walmos, y continuó el camino pensativo, recordando los largos recreos sin amigos en el instituto.

>> Parte 6

viernes, 6 de febrero de 2009

La dimensión de los deseos (Parte 4)

<< Parte 3

Sergio, sin palabras y con expresividad nula en su cara se levantó lentamente y como si de un sonámbulo se tratase, apenas sin mirar al extraño, fue con él a dar ese paseo.
El escenario donde Sergio llevaba horas enfrascado en el videojuego pasó de un oscuro segundo plano a tomar forma, vida y color. Comenzaron a caminar por un extraño lugar, era como una escombrera pero en lugar de basura era todo nuevo y radiante.

Había cientos de videoconsolas, televisores, equipos de música, ipods… todo ello amontonado sin orden ni criterio, pero en perfecto estado y listo para su disfrute. Se apartaron de ese montón de aparatos de ultima generación y comenzaron la andadura por un sendero que a ambos lados tenía lujosas mansiones y en sus puertas cochazos carísimos cuya carrocería deslumbraba. Algunos, incluso, eran descapotables y despampanantes mujeres posaban en ellos ligeras de ropa.
Otra sección tenía percheros con lujosos abrigos de piel, camisas de seda y carísimas corbatas. Cerca de eso también había joyas que brillaban extraordinariamente en unos joyeros enormes.
En otra parte había fresquísimo marisco, jamones de pata negra, montones de caviar y todo tipo de lujosos alimentos. Sergio caminaba boquiabierto y en silencio observando todo junto al extraño acompañante, que le observaba sonriente.

Seguían caminando y parecía que el camino terminaba en un barranco, pero al llegar a él, solamente resultaba tener un cambio de rasante sobre el cual se observaba cómo el sendero continuaba descendiendo una especie de colina, con coloridos variopintos a ambos lados y llegando a un punto donde una densa niebla no dejaba ver más allá.
A Sergio le estaba resultando emocionante recorrerlo pese a su inexpresividad, por lo que continuaba enérgicamente con el afán de descubrir qué podrá contemplar en los próximos metros, dejando atrás a su compañero, que tenía que acelerar el paso en ocasiones para no perder su pista.

Sergio poco a poco iba recobrando el habla.
- Éste… -
- Me llamo Walmos, a mis padres les apasionaban los anagramas. -
- Pero qué dices? Déjalo, mhhh… así, para que yo me entere? Qué leches es todo esto?
- Pues mira, eso que ves ahí es una vitrina llena de medallas olímpicas, y al lado un montón de trofeos y premios de natación, atletismo, fútbol, baloncesto... anda mira!! eso no es un Oscar?
- Ya, ya, eso ya lo veo, pero… todo esto, el camino… nada, déjalo. – Respondió Sergio extrañado del todo.

Walmos sonrió pero no dijo nada más. Continuaron el paseo.

>> Parte 5

martes, 3 de febrero de 2009

La dimensión de los deseos (Parte 3)

<< Parte 2

En determinadas fases del sueño se producen unas contracciones musculares involuntarias traducidas en una sensación de caída y un sobresalto. Muchas veces esa sensación sucede apenas entrado el sueño, y en ese momento es en el que Sergio, de esta forma, tuvo su sobresalto con la sensación de caer de golpe como si el retrete le tragase de forma brusca.

Sergio sintió como su cuerpo caía sobre un cómodo asiento, algo así como un sillón orejero; lo menos parecido a donde estaba la última vez que tuvo consciencia.
Abrió los ojos y no lo podía creer, frente a él tenía una gran televisión con unos altavoces más grandes que su cabeza con un rótulo de bienvenida en grandes letras:

“VIRTUAL HELL: EL INFIERNO A TU ALCANCE. Sólo para Sega Katana”.

En su mano tenía el flamante mando en el cual parpadeaban luces de colores haciendo un círculo incesante e hipnótico. Una música orquestal apocalíptica colmaba sus oídos haciendo que sintiera la vibración de los altavoces hasta en los huesos. Sus abotargados ojos, abiertos al máximo, no daban crédito de nada de lo que contemplaban; potentes luces se reflejaban en ellos mientras permanecían inmóviles, atónitos.

Sin parpadear, Sergio comenzó una larga partida del juego del que tanto había oído hablar en cada recreo, y no pudo apartar la vista de la pantalla ni por un instante. Tal enfrascamiento impedía que se percatara del extraño entorno que no tardaría en explorar.

Fase tras fase que superaba, una sensación de agobio le iba invadiendo. Cada vez estaba menos centrado en jugar y con más angustia, como si tuviese un sentimiento de culpa pero lo intentase ignorar. Entonces, de los gruesos reposabrazos del sofá se abrían trampillas y surgían refrescos y bocadillos al antojo de Sergio sin tan solo mencionarlo. Eso le hacía olvidar un poco esa sensación y continuar jugando sin extrañarse lo más mínimo.

Perdida la noción del tiempo, de existir éste, la fase final del juego comenzaba. Los inagotables dedos del jugador parecían invisibles de la velocidad con la que manejaban los botones del mando, de su sien brotaban ríos de sudor que competían por llegar a la barbilla, la catatónica mirada permanecía inalterable fijada en su objetivo, los labios temblaban y los dientes les mordían mandándoles detenerse sin éxito.

De pronto el sonido empezó a saturarse, explosiones abundaban en pantalla y las 1080 líneas de definición de la moderna televisión no daban abasto. El color empeoraba por momentos y cada vez se percibía menos la imagen, el sonido era insoportable. Sergio se acercó a la tele para intentar ver algo, pero cada vez era menos lo que se podía diferenciar. Su cara a un palmo de la pantalla no daba crédito.

- EN LA FASE FINAL NO!!. – Gritaba angustiado.

Fiumm! Se desvaneció la imagen y del sonido solo se conservó un pitido continuo y molesto. Sergio, de rodillas y sentado sobre sus talones quedó inmóvil, sin gesticular, como esperando a que todo volviese a la normalidad sin más; pero nada sucedía y el mando que tenía entre las manos se deshizo como una piedra de arena de un montón de los que se encuentran en las obras. Una mano se posó en el hombro de Sergio y una voz alegre a su espalda se dirigió a él:

- Vamos a dar un garbeo, colega. –

>> Parte 4

domingo, 1 de febrero de 2009

La dimensión de los deseos (Parte 2)

<< Parte 1

Rápidamente Sergio rasgó el papel que envolvía la caja y atónito observó como ante sí tenía la última consola del mercado… del mercadillo: La SEGO Katanga. La caja lucía una vaga imitación en tipografía y diseño respecto a la de verdad y ni tan siquiera tenía los mandos del mismo color. Llevaba un cartucho extraño en vez de CDs cómo la Katana, y un colorido rótulo rezaba “100 juegos en 1”.

Era un fraude a todas luces, y Sergio no podía creerlo. Por un momento pasó por su cabeza toda una retahíla de burlas de sus compañeros: “Sergio Katanga me llamarán”, pensó mientras se le hinchaba la vena de la frente.

- Qué? Te ha dejado sin palabras eh, campeón? 100 juegos!!, no dices nada?. – Decía ilusionada Marta a su atónito retoño.

- VETE A LA MIEEERRRDAAA, ES EL PEOR CUMPLEAÑOS DE MI VIDAAAA.- Gritó Sergio hecho una furia mientras lanzaba la caja a medio desenvolver directa a la cabeza de Marta. Ésta logró quitarse en parte de su trayectoria pero aún así una arista le golpeó en la frente de refilón haciéndole una pequeña brecha en la ceja izquierda. Sergio corrió fuera de la habitación dando alguna patada a los muebles por el camino y se encerró en el baño.

Marta sintió una tremenda impotencia y frustración, y aunque sentía a la perfección los latidos de su corazón en la maltrecha ceja sangrante, no era dolor comparable con la repulsa violenta de un hijo. Algo tenía malherido y no era su frente, un mundo pesado y ardiente cayó sobre sus hombros y las piernas le temblaron de angustia. Solamente pudo sentarse en la cama, poner su mano en la cabizbaja frente y llorar.

En esos momentos Raúl entró por la puerta con la alegría de haber conseguido un currillo provisional en la tienda de ultramarinos del barrio y acudió directo al dormitorio para darle la gran noticia a Marta. Un jarro de agua fría cayó sobre él al contemplar el panorama, y sin dar crédito a la situación llevó a Marta a la cocina para lavarle la herida dándole palabras de consuelo y preguntándole cómo sucedió todo.

Mientras, Sergio lloraba angustiosamente sentado sobre la taza del váter. Con la cara totalmente roja y los ojos hinchadísimos aliviaba la angustia que sentía apretando puños y dientes y retorciéndose conteniendo la respiración a intervalos. De poco le servía más que para, a los pocos minutos, estar exhausto con un reguero de mocos y lágrimas cayendo por su cara.
Comenzó a sentir un entumecimiento solo retardado por el dolor que sentía en sus hinchados párpados, los cuales se cerraban lentamente mientras agarraba la toalla de manos empapada ya de sonarse.

>> Parte 3

lunes, 26 de enero de 2009

La dimensión de los deseos (Parte 1)

LA DIMENSIÓN DE LOS DESEOS

Pasaban ya las 7 de la mañana cuando tras los orificios de la persiana se inmiscuían algunos rayos de luz mañaneros. Sergio cumplía 13 años y aguardaba nervioso en su habitación a que alguien diera señales de vida en la casa para correr en busca de sus regalos. Era sábado y le esperaba un largo día sin instituto para disfrutar despreocupadamente.

Marta y Raúl no habían pegado ojo en toda la noche haciendo cuentas y más cuentas para intentar encontrar una solución a la preocupante situación familiar tras el despido de él semanas atrás. Ahora Marta yacía exhausta en la cama mientras que Raúl había salido en busca de algún empleo provisional por los pequeños comercios de la zona.

A pesar de todas las penurias económicas el joven matrimonio siempre trató de mostrar la cara más dulce a su único hijo, intentando aislarlo de las tensiones y apuros económicos.
Sergio esperaba con fuerza la ultima videoconsola del mercado, la SEGA Katana. Este año había empezado el instituto, y la Katana fue la sensación de las navidades pasadas entre sus nuevos compañeros, lo que había sido la conversación de un sinfín de recreos con la subsiguiente marginación de Sergio.

La Katana parecía la llave de la integración antes de que fuese tarde, por lo que no había cosa que Sergio quisiese más en el mundo. Por fin podrá intercambiar juegos con sus compañeros en los recreos, participar en los torneos de Fútbol o Baloncesto virtual los fines de semana y hablar de cómo superó tal o cual fase de aquel juego de acción, el Virtual Hell.

Tantas ilusiones no eran en vano porque, aunque a Sergio ya le habían dicho que no era seguro que tuviera la consola para su cumpleaños, un día que llegó antes del instituto buscó por la casa y encontró sobre un armario una caja envuelta en papel de regalo. La caja tenía el peso y forma factibles para poder ser lo que Sergio tanto ansiaba y tras un rato moviéndola y girándola la dejó en su sitio como si no supiera nada.

Ni un alma parecía moverse en casa y eran más de las 8 ya. Sergio no podía dormir así que decidió ir a despertar a sus padres para acelerar el proceso que le estaba consumiendo. Entró en su dormitorio y encontró que tan solo estaba Marta allí. Aún así decidió despertarla con una suave sacudida.

- Mamá… Mamá!!. – Increpaba nervioso Sergio.
- Prff… que pasa cariño. – Farfullaba adormecida ella.
- Despierta, joer!, no sabes qué día es hoy?. – Preguntaba irónico Sergio.
- Mhhh… la ceremonia de los Oscar?. – Contestó medio dormida todavía.
- Pero que dices??? Estás tonta o que!! . – Estalló Sergio.
- Jajajajajaja no te sulfures que era broma, dame un beso cumpleañero. – Se cachondeó Marta.
- Vete a la porra!!, dame el regalo si quieres un beso. – Refunfuñó Sergio.
- No te hagas ilusiones, cariño. Poca cosa tendrás este año. – Avisó Marta recuperando la seriedad.

Sergio hizo como si comprendiese el mensaje, pero por dentro tenía en mente aquella caja envuelta. Pensó que su madre quería conservar la sorpresa y siguió su juego.

- Vaaaale, ya lo sé. Dónde está papá? .-
- Ha ido a ver a unos amigos a la asociación, rollos de vecinos. –
- Y tenemos que esperarle??? TENEMOS QUE HACERLO??. –
- Tranquilízate, hijo, que nervioso estás. Venga, te doy el regalo ya y a ver si te calmas. Pero cuando venga tu padre hazte el sorprendido. –
- Eso, eso, yo me hago lo que sea, lo que sea!!. –

Marta acercó una silla al armario para subirse y recoger la caja escondida. Sergio esbozó una sonrisa. Marta bajó la caja y se la dio al pequeño, el cual ya tenía pelusilla sobre el labio superior pero conservaba la ilusión de un infante.

>> Parte 2

lunes, 12 de enero de 2009

Memorias del techo

Memorias del techo

Hace ya un tiempo que unas extrañas visiones se ciernen sobre mí. Algo sobrecogedor y extraño, algo inaudito; en espacios cerrados con altos techos, sobretodo.

Alguien, siempre diferente, joven y de sexo difícil de discernir se muestra frente a mi con una mirada en todos los casos con algo en común; una mirada tintada de seducción y odio, una mirada familiar y obscena.
En ese momento sucede algo tan inhóspito como vertiginoso, la gravedad parece llegar a su fin y el suelo se despide de mi de una forma brusca y repentina. Es entonces cuando me estampo con el techo, y todo cambia de rumbo, el techo es ahora el suelo que me sostiene y el anterior suelo es ahora el techo que me ampara.
Parece que el resto de objetos y personas no corrieron la misma suerte que yo en ese instante, pero su tiempo se detiene y reposan bocabajo, desde mi perspectiva, como murciélagos. Solamente una persona me ha seguido en este frenético viaje, es quien me miraba con tan extraños aires, y ahora, liberados de la presión de las miradas ajenas aprovecha la siniestra inmersión en la intimidad para atacarme, yendo tras de mí con una cara desencajada y a una velocidad endiablada.
Es entonces cuando recorro un terreno desconocido lo más aprisa que puedo para evitar que me dé alcance, pero es también entonces cuando despierto.

Despierto de un sueño recurrente y angustioso, pero nunca estuve dormido, porque siempre me traigo algo del techo, normalmente grasa y polvo de la mugrienta superficie del todo descuidada que suele cubrir los conductos del metro o cualquier otro lugar donde suceda.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Sucio Honor DESENLACE (Parte 14)

<< Parte 13

“La mafia limpia”, como se denominaba en círculos cerrados, rompió en el último momento la promesa de liberar a la madre de Monchi a cambio de liquidar a Alberto, como pactó semanas atrás con él a través de El Caramulo.

Ahora, huérfano y asolado, Monchi caminaba hacia el centro penitenciario del que escapó solamente 24 horas atrás.

333 DÍAS DESPUÉS

- Aquí teneis al antisocial, chicos. – Ironizó el guardia al empujar a Monchi de nuevo en la celda tras casi un año de aislamiento junto al Chato y un par de presos desconocidos.

- Bienvenido, compañero – Saludó el Chato con una sonrisa.

- A mis brazos, amigo –. Replicó Monchi, todavía aturdido.

En su primera conversación dejando al margen a sus compañeros de celda, poco tiempo pasó hasta que Chato sacó el tema:

- Monchi, colega, ¿Por qué te entregaste? Todo había salido perfecto. -
- Digamos que la meta de mi vida ha cambiado ligeramente. Me dejé cosas por hacer aquí dentro. ¿Dónde está el Caramulo?. – Preguntó al tiempo de que una chispa de ira se encendiese en su mirada.
- El Caramulo hace tiempo que se distanció de mi hasta estar desconocido, lo que era un hermano ahora está podrido por completo. Sus negocios sucios quedaron al descubierto hace un par de meses por lo que ahora está en el pabellón norte por tratos con la mafia en el exterior. – Contestó el Chato.

En ese momento sonó la sirena, como cada día.

- Esta sirena es el fin, amigo. – Dijo Monchi buscando complicidad.
- Si lo que llegó a mis oidos es cierto, creo que sé por donde vas. 30 minutos en el patio; allí lo tendrás. - Dijo el Chato, con un gesto de aprobación.
- Me sobran 29 para limpiar mi honor. – Susurró Monchi mientras cogía un hierro afilado de la axila del Chato.

A partir de ese día, El Chato y Monchi no se volvieron a ver. El Chato obtuvo la libertad al cabo de 6 largos años y Monchi nunca jamás salió de la celda de aislamiento con vida; se las apañó para dejar de sufrir.

“La limpia” tenía representación mediante marionetas ejecutoras en cada rincón imaginable; de este modo, para satisfacer un encargo de los Narcos que perseguían a Alberto, dieron fín a su vida utilizando al Caramulo en primera instancia, el cual pactó con Monchi que, desesperado por el rapto de su madre, se fugó y terminó el trabajito.
Monchi, entre dudas, intentó disuadir a Alberto de seguir junto a él, y aunque al final cumplió lo prometido, fue prácticamente por casualidad, lo que anuló el trato y su madre fue ejecutada en la propia limusina donde estaba retenida.
Monchi, desde entonces sin nada en el mundo, solo tuvo en mente la venganza, acuchillando brutalmente al único responsable a su alcance de la muerte de su madre, El Caramulo.

El Caramulo estaba siendo, en cubierto, un sanguinario “comercial” para reclutar manos ejecutoras desesperadas entre rejas, pero no pertenecía a la organización, sino que era una víctima más que realizaba su cometido bajo chantajes.
Puede que ni siquiera todos los pasajeros de la limusina fueran libres de coacciones cuando asesinaron a la rehén y al supervisar los trabajos de Monchi o el mendigo, el cual simplemente fue incentivado jugosamente por cerciorarse a mano armada de que Monchi cumplía la ejecución.

Es tan difícil discernir entre quién es víctima y verdugo en este entramado… hay mil capas que hay que atravesar hasta dar con el cerebro de las operaciones.
Por esta forma de actuar, se intuye que quizá la punta de la pirámide esté más cerca del estrato político que de las demás mafias conocidas, pero su gran corteza de desesperados les hace indetectables; nadie sabe nada.

FIN

sábado, 20 de diciembre de 2008

Sucio Honor (Parte 13)

<< Parte 12

PUMM!!

Monchi abrió la puerta de una patada empuñando la pistola apuntando directamente a la cara de Alberto.
Alberto levantó las manos con un susto terrible y alarmado exclamó:

- Pee.. pero tioooo, ¿qué haces??, joderrr, me vas a matar, ¡pero de un susto, cabrón!.-

Pero Monchi no tenía cordialidad en la mirada. Se mostraba muy nervioso y con los ojos temblorosos.

- Lo siento Alberto, la vida es una zorra y nosotros sus ladillas. Antes fallé y no reuní valor para disparar de nuevo, pero ahora tengo que hacerlo. No tengo elección. –
- Pero que dices, Monchi, tio. Tú no!! –

Entonces un hombre cincuentón, sucio y desarreglado se aproximó por detrás de Monchi encañonándolo con una pistola de largo cañón.

- Mooo mooo monchiii… - Titubeó Alberto mirando al misterioso indivíduo.
- Lo sé, Alberto, lo sé. La limusina, la fuga, esta mierda de gasolinera. Nada es casualidad, no me han dado opción, y ni siquiera dan la cara para poder hacerles frente. –

CLAC, la larga pistola que apuntaba directamente a la nuca de Monchi fue preparada para ser usada por su mudo portador

- Mierda!! Somos marionetas de “la limpia”, Alberto, perdóname. – Exclamó con voz de lamento Monchi.

CLAC, Monchi retrocedió acto seguido el percutor de su arma agarrándola con firmeza. Alberto tragó saliva y en un movimiento desesperado se avalanzó contra Monchi, pero éste disparó por un acto reflejo impactando en la garganta de Alberto. La inercia hizo que cayera sobre él, siendo agarrado y depositado en el suelo contra la pared.

- Lo siento, Alberto, la zorra se ha desparasitado. -
Alberto balbuceaba con una grandísima pérdida de sangre y convulsiones. No llegó a decir ni una sola palabra cuando sus temblores cesaron, los párpados le cayeron y el cuello se le relajó depositando su cabeza a peso muerto sobre la pared.

Monchi se dió la vuelta y el hombre había desaparecido. Escuchó el ruido del motor de la limusina y salió corriendo tras él. La limusina emprendía su camino y se veía al vagabundo con un maletín corriendo en dirección contraria. Monchi se avalanzó sobre el vehículo y golpeó la ventanilla del conductor. Éste se detuvo de golpe sin apagar el motor y la ventanilla tintada comenzó a bajarse.

Un hombre con rasgos asiáticos conducía el lujoso automóvil, y con cara de pocos amigos miró a Monchi sin mediar palabra; cómo pidiendo explicaciones sin hablar.

- Necesito saber que cumplireis vuestra parte del trato, yo no puedo hacer más por vosotros. – Dijo Monchi.

El conductor miró hacia el frente sin inmutarse y dijo, mientras la ventanilla se subía lentamente:

- Todos sois útiles, cómo ese ex-pordiosero, pero tú dudaste, él no.
- Eh!! Ehhhhh!!! Cabrones!!!. No podeis dejarme asíiii!!. – Gritaba Monchi mientras daba patadas en la parte delantera de la limusina.

El techo solar se comenzó a abrir y salió algo volando a través de él. Al mismo tiempo la limusina aceleró violentamente y con un gran derrape que levantó muchísimo polvo se esfumó a gran velocidad. Cuando el polvo se asentó, Monchi fue corriendo temiéndose lo peor a ver el objeto que estaba a unos pocos metros tras rodar.
- MADREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!. Gritó Monchi sosteniendo parte de quien le dio la vida.


EL DESENLACE en la parte 14 y última

jueves, 18 de diciembre de 2008

Sucio Honor (Parte 12)

<< Parte 11

Entonces Alberto salió de la cárcel y se dirigió al edificio en ruinas. El mismo que El Chato le había dicho. Se encontró unas vallas del ayuntamiento, las saltó, y una vez dentro fue sorprendido por un disparo de pistola que impactó en una viga que se situaba a unos escasos 20 centímetros de su cara:
- ¡Coño Alberto!, ya creí que eras uno de esos putos maderos que me estarán buscando, ¿cómo te funciona el tema? Hace mucho que no te veía. Da gracias a mi mala puntería. Dijo Monchi.
- ¡Joder! que susto me has pegado, estuve en la cárcel y El Chato me dijo que estabas aquí y por lo que me ha dicho todo va bien para ti, nadie se ha percatado de tu ausencia allí pero por sentido común no tardarán demasiado en darse cuenta, hemos de darnos prisa. -
- ¡Ja, ja, ja..! Sabía que podía confiar en ellos, esos guardias ineptos... Y... oye, has dicho "hemos ", eso te incluye a tí, yo creo que te tenías que ir a casa a tomarte un cafecito y a dormir en la camita como un bebé toda la noche, eres libre, aprovecha tu libertad. -
- Esto... tengo muchas cosas que contarte, eso de que soy libre... es muy relativo, soy libre desde el punto de vista de la justicia, pero desde el punto de vista de unos cuantos tipos no muy legales, no soy más que una presa fácil. -
- ¿Se puede saber qué coño me estas contando?, eso suena a las películas del padrino. -
- Pues te puedo asegurar que se trata de la mafia como si de una puta película se tratara, y a esa gente no le gustan los juegos, saben lo que quieren y no se andan con rodeos. -
- ¡Vete a tomar por culo!, ¿Me tomas por subnormal?, ¿Pretendes que me crea esas historias tuyas ?...

El eco de un estruendoso motor invadió las ruinas de aquel cine. Alberto y Monchi acertaron a ver entre las vigas y los hierros retorcidos una limusina color crema que parecía estar rastreando la zona.
- ¿Y ese trasto de quién coño te crees que es? ¿del tonto el pueblo? dijo Alberto con tono irónico. -
- Joder... ¡bah! seguro que es algún guiri ricachón que no sabe ni en que país se encuentra. -
- Yo no me voy a quedar a averiguar de quien coño se trata. – Dijo Alberto mientras pasaba por debajo de unos hierros saliendo así de la edificación derruida.
- ¡Joder con el crío de los cojones! No te pases ni un pelo eh... eh... ¡Espera! -

Y Monchi siguió el camino de Alberto y salieron los dos a una carretera comarcal con tráfico moderado en la que solo se divisaban unas pequeñas casas al parecer deshabitadas y una pequeña estación de servicio cerrada. Tras un instante de desorientación y meditación se dirigieron hacia ésta última.

Al llegar echaron un ojo a las instalaciones deterioradas por el paso del tiempo y Alberto forzó una sucia puerta en la parte trasera del edificio donde ponía “WC”.

- Voy a cambiar el agua al canario, tío, estoy a reventar. – Y se metió en el servicio.

Mientras, Monchi merodeaba la zona vigilando por si aparecía la Limusina o cualquier otro vehículo sospechoso.

Alberto desahogó su imperiosa necesidad biológica entre telarañas y las sucias paredes de un apestoso y angosto cuarto de baño que llevaría, fácilmente, un lustro sin actividad. Acto seguido comprobó si del grifo del lavabo manaba algo parecido al agua para asearse mínimamente, cuando un estruendoso ruido le sobresaltó violentamente…


>> Parte 13

lunes, 15 de diciembre de 2008

Sucio Honor (Parte 11)

<< Parte 10

12:30 AM

El concierto finalizó tras una gran actuación de Def Con Dos, Alberto, deleitado por su grupo favorito se dirigió a los camerinos con el pase en la mano. Poco antes de llegar a la puerta de los camerinos le pararon, y le pidieron el pase, Alberto gustoso lo enseñó. Entró en una sala con unos sofás, una tele, una cadena de música, una videoconsola y un par de armarios. En ella se encontraban los ocho componentes de Def Con Dos: Strawberry, Peón Kurtz, Juanito Sangre, J. Al-andalus, El Gautxito, Tejeringo, Little Boy, y su gran gurú, El Pele.

Y los seis componentes de Crucifixión: Barras Beer, Bourbon Voize, Dj Litros, Chompiras, El Dragón tirado en el suelo inconsciente con un gran estado de embriaguez, y su gran técnico de sonido, Txusma.
Fue saludando a todos uno a uno, a todos menos a El Dragón, por supuesto; el resto de los componentes de Crucifixión le dieron las gracias a Alberto por salvar a El Dragón de alguna lesión grave y hacer posible que el concierto continuara. Alberto les contó su gran problema y ante la mirada incrédula de Barras, corrió ligeramente una cortinita y echó un vistazo a la entrada de la sala, donde se veía a alguien forcejeando con el portero:

- Barras, míralo tú mismo. –

Éste miró y vio cómo el portero se peleaba con un tipo con un traje negro, el cual sacó la navaja abanico y le rajó como si de trinchar un pavo se tratara, alarmado le dijo a Chompirás:

- ¡Arranca la puta furgoneta! - A continuación salieron los quince por la puerta de atrás junto con Alberto y se montaron en sendas furgonetas. A El Dragón le tuvo que llevar El Chompiras en el hombro, montaron todos y arrancaron.
Enseguida se situaban en la autopista destino Madrid.

- Bueno, supongo que gracias a tí seguimos aún vivos, porque allá se habrá montado la de Dios es Cristo, así que te debemos un favor, dinos, le dijo Bourbon Voize a Alberto, ya de camino a Madrid.

Alberto estaba desconcertado, y pensó en visitar a sus únicos amigos en este mundo:
- No creo que podáis llevarme a La Línea de la Concepción. -
- Que va, mañana tenemos un concierto en la misma provincia de Cádiz, y vamos directamente hasta allí, si no esta muy cansado nuestro conductor. - dijo Dj Litros.

El Chompiras : - No tengo sueño, tengo comida en la guantera y tengo la fuerza de un toro, por mi no hay problema. -
Bourbon Voize : - Entonces supongo que no nos costaría nada acercarte a La Línea. –

Pasó la noche, y hacia las once y media, tras tres paradas para repostar llegaron a la ciudad de La Línea, y llegó la despedida:
- Hasta luego tíos, sois la hostia legales, muchas gracias por traerme.
Me tengo que ir. - Se despidió Alberto.
- No hay de que, que te vaya bien. - Contestó Dj Litros.

Y arrancó el furgón. Ahora Alberto estaba sólo, sin dinero, y se había salvado de la muerte por poco. Ahora sólo podía hacer una cosa, ir a la prisión donde se encontraban presos sus amigos. Fue hasta ella, entró y solicitó una cita con El Chato. Al rato, Alberto estaba sentado al lado contrario de las cabinas del que estaba acostumbrado, y ésto se le hacía raro. Chato entró en la sala, al otro lado del cristal, acompañado por un guardia:

- Coño Alberto, no te esperábamos tan pronto. -
- Es que han surgido complicaciones, me busca la mafia, no he querido hablar con Monchi para que no sospecharan los guardias, he venido para ayudarle a fugarse, ¿me harías el favor de comunicárselo? -
- Esto... verás, Monchi se ha fugado esta noche, nadie se ha enterado, ha puesto un muñeco bajo las sábanas en su lugar, ahora estará en el cine en ruinas que hay a dos manzanas de esta cárcel, nosotros le ayudamos a elaborar el plan, si te das prisa, podrás encontrarle, buena suerte. -
- Hasta luego y gracias por todo. Te veré en el Infierno. –

>> Parte 12

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Sucio Honor (Parte 10)

<< Parte 9

9:30 PM

Tras esperar el primer autobús, Alberto cogió el 8A, que le llevó hasta la estación de tren. Ni siquiera él sabía el motivo de su marcha inesperada y suicida, ya que sin un puto duro en el bolsillo, siendo ex convicto y sin un hogar, Alberto estaba perdido. Algo le decía en su interior que no podía permanecer en ningún sitio fijo, y no se fiaba de Clara y de Diana después de haber visto lo de la estación.
Alberto notó como un tipo con un maletín color piel, un traje negro y el pelo engominado le seguía. Le entró el pánico y echó a correr, dobló una esquina y vio a otro tipo con la misma ropa pero sin maletín, como hablaba con un teléfono móvil, entonces el hombre extraño señaló a Alberto y gritó:
- ¡Es él!-

Entonces salieron otros dos tipos de la calle anterior que se dirigieron corriendo hacia él.
Alberto huyó saltando una tapia y se metió en un conocido bar. Allí se encontró a Rubén, el camarero.
Rubén era un viejo conocido del instituto, enseguida entablaron conversación:
Rubén: - ¡Cuanto tiempo sin verte! viejo lobo, ¿qué pasó con tus granos? –
Alberto: - Hola viejo zorro, necesito ayuda, me están siguiendo unos tipos, creo que son unos mafiosos, me quieren matar, he estado en chirona por un delito que no cometí, un asunto de drogas y...
Rubén: - Ja, ja, ja, no lo dirás en serio.

Rubén observó la cara seria y de preocupación de Alberto, dudó por un momento y quedándose en blanco se quedó mirándole con cara de piedad unos segundos y siguió gritando:

- ¡Vete de aquí, puto loco!, ¿Has perdido el juicio?, ¡Fuera de mi bar antes de que me espantes a la clientela! ¡Vete de vuelta al psiquiátrico!.

Alberto se quedó asombrado, miró el reloj del bar, eran las diez y media, indignado salió del bar. Fuera le estaban esperando cuatro hombres que le dijeron:

- Ven con nosotros o será peor. –

Alberto asustado, se abalanzó sobre unote ellos, lo tiró al suelo y se fue corriendo hacia la estación de trenes, y de repente se fijó en la sala de conciertos Parquexpress, y exclamó:

- ¡Es hoy! –

Y se dirigió inmediatamente hacia el concierto, Alberto sabía que no podía pasar gratis, pero tenía que intentar colarse, era su última esperanza. Llegó a la puerta, donde encontró a un hombre de gran estatura, al que preguntó:

- ¿Ha terminado ya el concierto? –
- No, acaba de empezar. - Fue la contestación.

Entonces sin mediar palabra, Alberto se introdujo en la sala. Nadie se lo impidió.
La sala estaba llena a rebosar, había gente de todas las edades, todos botaban y gritaban, estaba actuando un grupo desconocido, Crucifixión. El espectáculo de luces combinado con la voz desgarradora del bajista y la melodiosa voz del cantante hacían ponerle a uno la piel de gallina. Entonces Alberto se colocó en primera fila esquivando con dificultad los vómitos del batería, El Dragón.
Esa desagradable escena era parte del espectáculo del concierto, a continuación El Dragón saltó hacia el público, pero salió mal, se enganchó el pie con el cable del amplificador del bajo, entonces todos se apartaron del lugar donde iba a caer, todos menos Alberto, que aguantó estoicamente para coger a El Dragón que caía irremediablemente de cabeza hacia el suelo, fue entonces cuando Alberto frenó su caída con su cuerpo cayendo ambos al suelo pringándose hasta arriba de garbanzos, trozos de pan y sobre todo kalimotxo. El Dragón totalmente ebrio no se dio cuenta del peligro que había corrido al caerse de cabeza, y el favor que le había hecho Alberto, y totalmente empapado subió al escenario y prosiguió el concierto a la batería.
Barras Beer, el cantante, se dio cuenta de lo ocurrido y le tiró un pase a los camerinos, para después del concierto. Alberto lo cogió y le hizo una señal de agradecimiento, luego esperó contemplando el concierto y rezando para que no hubieran dejado entrar a los matones...

>> Parte 11

martes, 9 de diciembre de 2008

Sucio Honor (Parte 9)

<< Parte 8

11-Mayo-2001
6:33 AM


Alberto descargó un 7º y doloroso orgasmo en la burbujita del preservativo dedicada a tal fin, y a continuación dio por concluida la penetración terminando así de causar un orgasmo increíblemente placentero a Clara, pero sin tiempo para desprenderse del profiláctico, cuando la insaciable Diana se abalanzó sobre la goma la acarició con sus carnosos labios y su jugosa lengua y pinchó con uno de sus colmillos la burbujita " Seminal " engullendo como una loba así todo el esperma... los tres durmieron plácidamente.

9:03 AM

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.... sonó el despertador en el dormitorio, totalmente revuelto, en él descansaban muy profundamente Clara y Diana como dos gatitas apenas cubiertas del frío que entraba por la ventana ligeramente paliado por las cortinas. Sus desnudos cuerpos inmóviles ni se inmutaron ante el chirriante pitido del despertador, entonces, Alberto, ya vestido, entró en la habitación, se aproximó a la mesita de noche y apagó el dichoso ruidito, las nenitas seguían durmiendo en paz, Alberto no pudo aguantar la tentación de acariciar suavemente los pechos y la pelvis de Clara. Fue entonces cuando ella despertó, se abalanzó sobre Alberto, y ayudada por Diana le desnudaron y reanudaron la placentera orgía.
- He hecho el desayuno. - Comentó Alberto entre suspiros y gemidos provocados por el roce de la lengua de Clara con su rosado glande.
Clara interrumpió temporalmente su labor y dijo:
- Yo ya estoy comiendo. -
- Pero yo no, déjame algo. - Añadió Diana abalanzándose a terminar lo que había comenzado su prima. Pero Clara no se quedo quieta y compartió la caliente verga de Alberto con Diana, y así realizaron una felación en toda regla, dos lenguas y un capullo que acariciar... y así se enzarzaron en una aventura compuesta por inimaginables juegos sexuales que duró toda la mañana. Que junto al sueño posterior les hizo perder el día.

8:44 PM

Diana despertó, y tras dar una vuelta por la casa entró alarmada en el dormitorio:
- ¡Clara!, ¡Despierta!, Alberto se ha ido. -
Clara despertó y con mirada fija dijo:

- Bueno, que nos quiten lo bailao, de todas formas no se iba a quedar para siempre. -
- Ya, pero creo que me gustaba de verdad. - Dijo Diana con un aire triste.
- Primita, acostúmbrate, los hombres, son así," vienen, la meten, se van, y cuando hay algún tipo de responsabilidad, huyen corriendo ", yo ya estoy acostumbrada, son todos iguales. -

Alberto, se había despertado sobre las ocho, se duchó, cogió varias cosas de comer del frigorífico, cincuenta pesetas que había en un platito en la mesa de la cocina y se largó con ciento cincuenta pesetas en el bolsillo, y sin rumbo fijo.


>> Parte 10

jueves, 4 de diciembre de 2008

Sucio Honor (Parte 8)

<< Parte 7

Alberto miró en su cartera, a ver cuanto dinero le quedaba, doscientas cincuenta pesetas, no era suficiente para pagar una pensión, entonces vio en su libreta la dirección de Clara, pensó que a lo mejor con un poco de suerte podría pasar allí la noche. Cogió el autobús nº8 para ir a Parquesol.

Una vez allí preguntó a una despampanante pelirroja donde estaba la calle Mateo Seoane Sobral, esta le indicó:

- Sigue esta calle hasta el final y la tercera a la derecha. -
- ¿Usted sabe dónde está el portal 3 de esa calle?-
- Si hombre, esta justo al lado de una clínica veterinaria.-
- Gracias guapa.-
- De nada, hasta luego macizo.-

Alberto se fue contento aunque apenado por no poderse quedar a charlar con aquella tía buena.

Llegó al portal de Clara, y llamó al portero automático.
- ¿Quién?-
- ¿Clara?-
- ¿Quién es?-
- Soy yo, Alberto.-
- ¡Alberto, sube!-

Alberto nada más oír la voz de Clara sufrió una erección. Llamó al ascensor, cuando éste se detuvo entró en él, y pulsó el 9º piso. Cuando llegó, Clara ya le estaba esperando en la puerta.

- Hola Alberto, que sorpresa.- Y le besó.
- Hola... - Dijo Alberto nervioso y excitado.
- Pasa, voy a prepara unos cafés.-
- Mejor, así me calmo un poco.-
- Pero siéntate Alberto.- Dijo Clara desde la cocina.

De repente llamaron a la puerta con un sonido rítmico.

- Debe ser mi prima.- Dijo Clara.

Alberto se quedó en el salón mientras Clara abría la puerta. Alberto escuchó:

- A ver cuando me hago una copia de la llave de arriba, estoy hasta las tetas de llamar.-
- ¿Qué tal te ha ido?-
- Bien. ¡Ah! ¿sabes qué...?, me he encontrado con un tío que estaba la hostia de bueno, y justo me ha preguntado por este portal, a lo mejor le has visto.-
- Pasa al salón, tenemos visita, mira a ver si es este chico.-
- Alberto, esta es Diana, mi prima, vive conmigo.-
- No, si ya nos conocemos.- Dijo Diana.

Alberto se quedó cortado, y se levantó para darle dos besos.

- Bueno, mejor dejamos el café para más tarde, ahora vamos a cenar.-
Y se sentaron a la mesa.

- Entonces, Alberto, ¿dónde me has dicho que vivías? - Le preguntó Diana.
- Vivo en el barrio Delicias, bueno, vivía. -
- ¿Ahora, dónde vives? - Añadió Clara.
- Bueno, ahora no vivo, digo, no.... -
- ¿Eh?, tranquilízate, ¿Qué te pasa? -
- No puedo volver a mi apartamento. -
- Porque te han echado. - Dijo Diana.
- Algo parecido, con el único inconveniente de que vivía sólo. Respondió irónicamente Alberto. -
- ¿Entonces? - Preguntó Clara.
- ¡No creo que os importe en absoluto! -
Ante esa respuesta, Diana reaccionó acariciando suavemente por debajo de la mesa el paquete de Alberto, diciendo:
- Relájate cariño, tranquilízate, vamos los tres al dormitorio de mi prima y te vamos a dar un masaje doble - Y a continuación miró fijamente los ojos de Alberto, se mordió el labio inferior con gran erotismo, y se levantó del asiento, se metió en el dormitorio seguida por Clara, y cerraron la puerta.
Alberto se quedó anonadado, y en completo silencio se miró al espejo de la entrada, se relajó, su cara articuló un gesto de total bienestar, una gran sonrisa y como un cómico de la tele ensayando delante del espejo, hizo el gesto de la victoria con los dedos índice y corazón, y se dijo a sí mismo:
- ¡Semental!, qué racha ¡Qué racha!, eres el mejor, y ahora, a mojar -
Se abalanzó sobre la puerta del dormitorio, y en el interior se encontraban Clara y Diana en topless, tapándose los pechos con las escasas y transparentes sábanas de seda, Alberto se despojó de su ropa, a una velocidad increíble, y se unió a la fiesta, completando un trío placentero, pero que muy placentero, y en ocasiones doloroso...

>> Parte 9

domingo, 30 de noviembre de 2008

Sucio Honor (Parte 7)

<< Parte 6

Archivó la nota en su libreta. A continuación, se dirigió a la parada del autobús que debía coger, el 3, para dirigirse al barrio Las Flores, donde vivía Santi. Valladolid había cambiado, pero la parada de la línea nº 3 * Girón-Las Flores * seguía estando en el mismo sitio ubicada, entre el quiosco de la once azul y la nave de Parquexpress.

Mientras esperaba el autobús sentado en la parada junto a una señora anciana muy simpática y una rubia, se fijó en un cartel que ponía: " Hoy viernes noche, DEF CON DOS en concierto, Crucifixión de teloneros y cuantiosos regalos en el karaoke DEF-SaB, ¡TODO ESTO Y MÁS DIA 11 DE MAYO A PARTIR DE LAS 22:00 EN PARQUEXPRESS! Cuatro mil pesetas entrada anticipada, y cuatro mil quinientas pesetas la entrada en taquilla. ", pensó:
- Joder que ganas de ver a Def Con Dos, y Crucifixión, deben ser buenos para telonear a los maestros del Rap-Metal. De repente me han entrado ganas de escucharlo, en cuanto llegue a casa, me voy a poner algún compac. *
Llegó el autobús, montó y se lamentó de que la rubia no montara en ese, saludó al conductor y le entregó una moneda de cien pesetas. El conductor le llamó la atención:
- Perdone, pero le faltan cincuenta pesetas. -
- Lo siento, tome - y puso el resto, cogió su billete y pasó a la parte posterior para tomar asiento. El autobús no tomaba la misma ruta que hace tres años, entonces Alberto le preguntó al conductor:

- En que parada me tengo que bajar para ir a la calle Orquídea -
- Contando con la siguiente, la sexta.

Alberto se tranquilizó, y esperó preguntándose por qué Santi le había metido en el talego...
Alberto sabía que Santi tenía mucho que ver con su extrañísima detención. Se bajó del autobús y se dirigió al nº 8 de la calle Orquídea. Llamó al portero automático, pero no contestó nadie. Alberto aprovechó para entrar cuando salía una señora que le miró extrañada, subió las escaleras, ya que los pisos de esa zona no tenían ascensor debido a que la gente que allí habitaba tenía dificultades económicas.
Cuando llegó al cuarto piso en el que vivía su amigo Santiago, Alberto se dio cuenta de que la puerta estaba entreabierta, aún así llamó a la puerta y entró en la casa.
- ¿Santi?, ¿Santi?, ¿Estás ahí?-
Alberto se dirigió hacia la cocina y allí vio al que parecía ser el gato de Santi, estaba maullando fuertemente, le acarició y después se fue a inspeccionar el salón. Con miedo abrió la puerta y entró en la sala, allí tampoco había nadie, estaba todo tirado por el suelo. El miedo de Alberto iba en aumentó y empezó a ponerse muy nervioso, entró en un cuarto que parecía ser el dormitorio de Santi, vio que la cama no estaba hecha, los cajones estaban abiertos y tirados por el suelo, solo quedaba mirar en el baño, Alberto pensó en dejar de buscar ya que no había luz allí, pero aún así entró en el baño, cuando dio la luz...
- ¡Joder!.- exclamó Alberto.
Santi estaba de rodillas en el suelo con las manos atadas a la espalda, la camiseta estaba encharcada en sangre que procedía de su cuello, tenía la cabeza dentro del retrete.

A Alberto le entraron unas fuertes náuseas, y al girarse se quedó pálido, en el techo había un mensaje para él escrito en sangre:
“Alberto, estás muerto"

Salió corriendo del piso, parecía que el corazón se le iba a escapar del pecho, cuando hubo corrido cinco calles Alberto se paró, respiraba dificultosamente, pensó en avisar a la policía, pero no estaba dispuesto a pasar por más juicios, y es más, tenía pánico a que le condenaran injustamente otra vez.
Estaba demasiado nervioso para esperar el autobús, y decidió coger un taxi.
- Buenos días, ¿a dónde le llevo?
- A la Calle del Hornija por favor.
Alberto ya empezaba a recuperar el ritmo respiratorio. - Déjeme aquí por favor -. ¿Cuánto es?
- Mil ciento cincuenta -.

Alberto pagó al taxista y se dirigió hacia su casa. Abrió apresuradamente el portal, esperó al ascensor impaciente, con cuidado abrió la puerta de su apartamento y... ¡Sorpresa! Encontró todo revuelto. Le entró el pánico, pero con frialdad empezó a revisar la casa, todo estaba tirado por el suelo. Alberto salió apresuradamente de su casa, pensó * No es seguro quedarme aquí, ¿y si les da por volver? *.

Cuando estaba a punto de salir del portal se le ocurrió mirar el buzón, y allí curiosamente había una nota que decía:

“Siento haberte metido en todo esto pero... mi vida estaba en peligro y no sabía como salir de éste lío, cuando me llamaste pensé que sería el mejor momento para deshacerme de la mercancía, me dirigí a donde tú te encontrabas para recogerte y ya de paso me deshice de la droga. Aproveché un momento en que estabas despistado para meter el maletín con la droga en el maletero de tu coche, porque no pensé que fueras a dejarlo abandonado.
Respecto al juicio no me quedó más remedio que testificar en tu contra, pensé que la cárcel sería el sitio en el que estarías más seguro, ya que los narcos sabían quién era el propietario de tu coche, lo que yo tampoco sabía es que ibas a salir tan pronto del talego. Siento mucho que por egoísmo propio y por salvar mi vida, haya arruinado la tuya de esta manera.
Me ha costado mucho evitar a los narcos durante todo este tiempo, pero ahora me están siguiendo muy de cerca, puede que cuando leas esta nota yo ya no este vivo. ¡Ten cuidado, tú eres su próximo objetivo!"

Fdo. Santiago Hernández Estrada.

>> Parte 8

lunes, 17 de noviembre de 2008

Sucio Honor (Parte 6)

<< Parte 5

Alberto cogió el tren destino a Valladolid con el billete que le dio su madre y entró en su compartimento. Se sentó al lado de una chica de unos veintiún años, de mediana estatura, con una mirada tierna que salía de sus dos preciosos ojos verdes, con ese pelo rubio como no había visto en su vida.
Alberto no había visto a una mujer desde hacía tres años, y enseguida le empezó a dar conversación.
- Hola, hacía mucho tiempo que no viajaba en tren, ¿y tú?
- Bueno, yo cojo este tren muy a menudo, voy a visitar a mi familia.
- ¿Dónde vives? Bueno perdona, soy un entrometido.
- No, es igual, vivo en Valladolid.-
- Yo también. Eh... bueno me llamo Alberto.
- Yo me llamo Clara.

En ese momento entró el revisor, Alberto le enseñó el billete, y luego lo hizo Clara. Así fueron pasando las horas, y Alberto siguió trabajándosela.

Cuando cayó la noche, Clara se recostó sobre el hombro de Alberto, éste al principio estaba un poco nervioso. Necesitaba ir al baño, pero no quería despertar a esa preciosa chica. Con mucho cuidado consiguió levantarse, y cuando iba hacia el servicio.
- ¡Eh! - susurró Clara. Alberto se giró.
- ¿Qué quieres? -
- Espera... - Y se abalanzó sobre él dándole un largo y húmedo beso . Siguieron las manitas de camino al servicio, y en el servicio Alberto, nervioso, le levantó las faldas y le desprendió de sus prendas más íntimas.

- ¡Señores pasajeros, próxima estación "Estación del Norte" Valladolid!-
Alberto se despertó sobresaltado, miró a su lado y ya no había nadie.
Rápidamente cogió sus pocas pertenencias y se apresuró a bajarse del tren.
Una vez abajo, Albero empezó a buscar a Clara, mientras la buscaba, empezó a temer que se había enamorado, y lo que es peor, que la había perdido para siempre. Pero no, al lado de una máquina de tabaco, vio a una chica de espaldas con una ropa idéntica a la de Clara, pero no podía ser ella ya que se estaba besándose con un tipo alto, a primera vista le pareció que era Santiago, pero eso era imposible, pensó Alberto, parecía un pulpo, le estaba metiendo mano, luego, los dos, apresuradamente, se dirigieron hacia el servicio, Alberto les siguió, con cierta furia, pensando que podrían ser Clara y Santi.

Alberto se dirigió al servicio de hombres, pero allí no había nadie, sólo podían estar en el de señoras, se dirigió sigilosamente hacia allí. Oyó unos gemidos de ansia y placer, que venían de uno de los baños, se situó en el habitáculo anexo, se subió a la taza y miró con disimulo por encima de la pared que los separaba. Sí, era ella, pero el sujeto masculino que la proporcionaba placer, no era Santi, aunque se le parecía, entonces al verlos sudar y gritar, se retiró, e irrumpió en el servicio de caballeros medio llorando, y empezó a darse cabezazos con la pared, y a destrozar todo lo que había a su paso. Cuando se tranquilizó, salió, y se sentó en un banco a esperar.

Como ella tardaba mucho se le ocurrió dejar momentáneamente ese asunto y preocuparse de otro más importante, el de porqué ingresó en chirona. Buscó una cabina, y con unas monedas sueltas que le habían sobrado del bocadillo que se compró mientras esperaba el tren, llamó a Santiago, para aclarar su declaración, y su charla con el yonqui.

No se acordaba del número, pero menos mal que lo tenía apuntado en su pequeña libreta, marco el 983-3567222. piiiii... piiiii... piiiii... pii/clot.
- ¿Quién? -
- ¡Santi!, soy yo, Alberto, estoy libre, quiero hablar contigo.
Clok piiiiiiii....
- ¿Santi? ¿Santi? ¡Maldito cabrón!

Mientras Alberto golpeaba la cabina con ira, apareció Clara.
Alberto la miró a los ojos, y ella, con cara de ángel, como si no hubiera roto ningún plato jamás, le dijo:

- ¿Dónde te habías metido?, me he ido al servicio un momento, he vuelto y habías desaparecido. -

Alberto se preguntó atónito como podía tener tanta frialdad, falsedad, Y descaro. Pero no dijo nada.
- Toma, yo tengo que irme. - Dijo Clara a la vez de entregarle un papel escrito.
Alberto lo cogió y pensó: No puede ser, me he enamorado de una zorra, Y leyó la nota en la que ponía:

“C/ Mateo Seoane Sobral Nº3 9ºB. " (Barrio Parquesol)
[VEN CUANDO QUIERAS]

Fdo. Clara Rodríguez Ortega.

>> Parte 7